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Paracaídas

Doy el ultimo traspiés, es la cima de la montaña, y todo lo que hago es contemplar el abismo. El deseo inconsciente a la muerte, inherente a la naturaleza humana, esa pulsión que nos controla, nos domina pero más que nada,  la adicción a la adrenalina. Se acerca el suelo, estoy consciente de la caída, todo esto no es más que un presagio,  una epifanía, una revelación, la visión de un futuro mal anunciado. Siento el dolor en cada parte de mi cuerpo incluso antes de tomar la decisión, porque sé que ya tomé la decisión. "El poder está en mis manos",  repito una y otra vez como un mantra, mientras se me eriza la piel de la espalda. Hay maneras y maneras de caer, pero nunca he escuchado de una,  cuya connotación sea alentadora. Así que tomo mi mochila, me preparo para el descenso, y doy un salto al vacío... No hay vuelta atrás. Un premio nobel no hace falta, no salgo viva de esta... ... a menos de que abra el paracaídas. Mientras suena: "You know this whole mess is born ...

Había una vez... Solo una vez

El no había pedido permiso. 
Mis besos: 
El los exigía, los demandaba… Los absorbía, 
Sin preguntar.

Éramos dos: Un desconocido y una persona que frecuentaba todos los días…

Esa persona que cada vez conocía más, estaba descubriendo cuánto le gustaba sentir la adrenalina de hacer algo que implicara riesgo.

Por un momento soltaba todos sus prejuicios,  
Se convertía en alguien sin moral, 
Alguien que disfrutaba del momento y no pensaba en las consecuencias. 
Alguien despreocupada que quizá no tenía futuro. 
Decidía aparecer de vez en cuando sin aviso alguno. 
A veces se manifestaba bajo los efectos de un mágico elixir proveniente de la uva. 

Era un festín, y la ansiedad por la carne era incesante.
Él buscaba saciarse de olvido.
Ella buscaba una dosis alta de adrenalina en las venas.
Química, atracción, deseo, hambre.
Era eso y nada más.

Esa sensación de estar al borde de un precipicio…
Sentir el riesgo, la aventura, el miedo.
Miles de escenarios posibles…
No querer estar en ningún otro lugar del mundo.

A ella no le interesaba impresionarlo.

El encuentro fue malinterpretado,
Inesperado, excitante y salvaje.

A él no le importaba el protocolo.

La pasión sabe a vino y el amor a café.
Seguirían bebiendo vino, un café no estaba planificado para estos dos.

Quería a alguien especial, diferente, que no buscara lo mismo que los demás.
Alguien que se enamorara de lo más oscuro de su alma
Que fuese capaz de llevar luz a cada rincón de ese lugar inhabitable, 
Para convertirlo en el hogar de ese alguien.

Si ese alguien no llegase no tomaría en serio a nadie,
No dedicaría lágrimas inútiles.

Era libre, 
Capaz de hacer lo que fuese,
Con quien fuese,
Seriedad para el que se gane su atención.

Solo alguien con ojos intensos,

Que no le dedique la luna, 
Ella quiere una conversación entre miradas...

- Miranda Spinetti
20/04/2015


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