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Paracaídas

Doy el ultimo traspiés, es la cima de la montaña, y todo lo que hago es contemplar el abismo. El deseo inconsciente a la muerte, inherente a la naturaleza humana, esa pulsión que nos controla, nos domina pero más que nada,  la adicción a la adrenalina. Se acerca el suelo, estoy consciente de la caída, todo esto no es más que un presagio,  una epifanía, una revelación, la visión de un futuro mal anunciado. Siento el dolor en cada parte de mi cuerpo incluso antes de tomar la decisión, porque sé que ya tomé la decisión. "El poder está en mis manos",  repito una y otra vez como un mantra, mientras se me eriza la piel de la espalda. Hay maneras y maneras de caer, pero nunca he escuchado de una,  cuya connotación sea alentadora. Así que tomo mi mochila, me preparo para el descenso, y doy un salto al vacío... No hay vuelta atrás. Un premio nobel no hace falta, no salgo viva de esta... ... a menos de que abra el paracaídas. Mientras suena: "You know this whole mess is born ...

Impar Solitario

Habíamos nacido para estar juntos. No funcionábamos el uno sin el otro…Desde nuestra creación nunca habíamos estado solos. Era una relación codependiente, mi vida y utilidad estaban en manos de ese otro, no éramos pareja, solo éramos un par. Nos usaban una vez a la semana, por un día entero, luego a la ropa sucia y finalmente a la lavadora. Nuestra vida era un círculo vicioso. Pero nos sentíamos felices de servir a nuestro dueño, brindándole calor y comodidad.
Después de una larga jornada de trabajos y servicios, el dueño finalmente llegó con alguien a su departamento, embriagado por la promesa de la noche, solo entró apasionadamente a su alcoba y su ropa fue cayendo al ritmo de una cascada, pero en un orden  como si la bomba atómica hubiera explotado en el lugar y los pedazos hubieran sido regados aleatoriamente por todos lados…Confundiéndose inevitablemente con la ropa de su compañera.
Yo intententaba no moverme para pasar desapercibido, pero estaba en busca de mi par. Fue tarde en la mañana siguiente, después de la mujer salir sigilosamente de la cama dejando solo a mi dueño, las prendas fuimos recogidas y nos llevaron a la ropa sucia. En este escenario tenia completa apertura para moverme- bueno, no tanto…- y buscar a mi par. Mi dueño se caracterizaba por ser un tipo desordenado, pero jamás con la ropa. Siempre antes de lavar nos hacia un nudito a mi par y a mi juntos para que no nos separábamos. Y aquí estaba yo, en la apestosa ropa sucia, apestando yo también, solo y sin nudito.
¿Cómo era posible que se distrajera de tal manera después de otra noche de copas más?  No era contemplable que una chica cualquiera lo hiciera estar desorbitado de su mundo. Menos su egoísmo de tratar a su ropa así.
Esperé a que terminara de lavar las prendas de color, luego entré en la lavadora y esperé el ciclo completo, seguía buscando entre el agua y el jabón. Continuamos nuestro camino en la secadora, algo que disfrutábamos mucho, era cálido como un sauna, salíamos suaves y lisos, era como una visita al spa -mi par y yo disfrutábamos demasiado la secadora…-Pensé acongojado y perdido, más perdido que mi par.
Finalmente nos estaban doblando y agrupando, a otras prendas colocándolas en ganchos, cuando por primera vez en mi existencia, hicieron lo que más me temía… Me tomaron, y me colocaron a un lado, las otras prendas me miraban con pena. Me llevaron a la gaveta de las medias perdidas. Solo esperaba encontrar otra igual a mi allí para poder encontrar otra pareja, y poderle ser útil a mi dueño. El solía comprar varias medias de la misma marca… Pero cuando llegue, no encontré más que medias rotas, de colores distintos, de rayas, rombos y distintas texturas.
Pasaron unos largos días, yo seguía allí sin mi par y escuchaba los relatos de las otras medias solitarias, que contaban que a uno de sus compañeros de la gaveta lo tomaron y lo masacraron… lo habían picado en dos, siendo convertido en un pañito de la cocina; otro, que no había tenido la misma suerte, había terminado siendo un pañito para limpiar el baño, las baldosas y el lavamanos…
Aterrorizado, inutilizado, solo…estar en la gaveta de los medias perdidas, era el equivalente en el mundo de los seres humanos de vivir en un bar de mala muerte, era oscuro, deprimente, se vivía del vicio, en el caso de la gaveta el vició era las historias del pasado. También se podía comparar con una convención de alcohólicos anónimos, o codependientes anónimos, quizás… Solo éramos un grupo de sujetos atados a sus experiencias con sus pares hablando de cuanto los necesitaban.
Y así seguía, pensando donde podría estar mi par, ¿estaría escondida bajo la cama? ¿Traspapelada entre las sábanas? ¿Se habría quedado metida dentro de algún zapato? Y la idea más temible de todas… ¿La habrían convertido en un pañito de cocina? Mi último recurso era buscar dentro de mi, quizás allí habría estado todo este tiempo….Busqué y… no, nada. Entre mi emoción de buscar dentro de mí, noté que se había abierto un hueco en mi punta. Excelente –pensé- ahora, aún si encontrara a mi par, me botarían por estar rota…
Algunos días más tarde, llamaron a la puerta, y mi dueño se aproximó rápidamente, cuando la abrió, como el trote de un caballo su corazón se salía de su pecho. Era la chica de aquella noche de copas, otra mujer más- me decía para mis adentros- La chica sostenía en sus manos una media blanca diciendo: Bueno, sé que esto es raro…pero, solo pasaba por aquí para devolverte tu media, es que entre nuestras ropas se confundieron…y, detesto esas medias que se quedan solas… -Continuó hablando cuando mi dueño la calló plantándole un beso apasionado en los labios.-
Para mi sorpresa, ella no era cualquier mujer, ella más tarde se convertiría en mi dueña también, no fue una noche más para mi amo. Mi par fue devuelta al closet, y no nos separamos más nunca, terminamos enmarcados en la pared como un cuadro, siendo un símbolo de amor, más allá de un objeto útil.

- Miranda Spinetti 
Septiembre 2015


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