Habíamos
nacido para estar juntos. No funcionábamos el uno sin el otro…Desde nuestra
creación nunca habíamos estado solos. Era una relación codependiente, mi vida y
utilidad estaban en manos de ese otro, no éramos pareja, solo éramos un par.
Nos usaban una vez a la semana, por un día entero, luego a la ropa sucia y
finalmente a la lavadora. Nuestra vida era un círculo vicioso. Pero nos
sentíamos felices de servir a nuestro dueño, brindándole calor y comodidad.
Después
de una larga jornada de trabajos y servicios, el dueño finalmente llegó con
alguien a su departamento, embriagado por la promesa de la noche, solo entró
apasionadamente a su alcoba y su ropa fue cayendo al ritmo de una cascada, pero
en un orden como si la bomba atómica
hubiera explotado en el lugar y los pedazos hubieran sido regados
aleatoriamente por todos lados…Confundiéndose inevitablemente con la ropa de su
compañera.
Yo
intententaba no moverme para pasar desapercibido, pero estaba en busca de mi
par. Fue tarde en la mañana siguiente, después de la mujer salir sigilosamente
de la cama dejando solo a mi dueño, las prendas fuimos recogidas y nos llevaron
a la ropa sucia. En este escenario tenia completa apertura para moverme- bueno,
no tanto…- y buscar a mi par. Mi dueño se caracterizaba por ser un tipo
desordenado, pero jamás con la ropa. Siempre antes de lavar nos hacia un nudito
a mi par y a mi juntos para que no nos separábamos. Y aquí estaba yo, en la
apestosa ropa sucia, apestando yo también, solo y sin nudito.
¿Cómo
era posible que se distrajera de tal manera después de otra noche de copas
más? No era contemplable que una chica
cualquiera lo hiciera estar desorbitado de su mundo. Menos su egoísmo de tratar
a su ropa así.
Esperé
a que terminara de lavar las prendas de color, luego entré en la lavadora y
esperé el ciclo completo, seguía buscando entre el agua y el jabón. Continuamos
nuestro camino en la secadora, algo que disfrutábamos mucho, era cálido como un
sauna, salíamos suaves y lisos, era como una visita al spa -mi par y yo
disfrutábamos demasiado la secadora…-Pensé acongojado y perdido, más perdido
que mi par.
Finalmente
nos estaban doblando y agrupando, a otras prendas colocándolas en ganchos,
cuando por primera vez en mi existencia, hicieron lo que más me temía… Me
tomaron, y me colocaron a un lado, las otras prendas me miraban con pena. Me
llevaron a la gaveta de las medias perdidas. Solo esperaba encontrar otra igual
a mi allí para poder encontrar otra pareja, y poderle ser útil a mi dueño. El
solía comprar varias medias de la misma marca… Pero cuando llegue, no encontré
más que medias rotas, de colores distintos, de rayas, rombos y distintas
texturas.
Pasaron
unos largos días, yo seguía allí sin mi par y escuchaba los relatos de las
otras medias solitarias, que contaban que a uno de sus compañeros de la gaveta
lo tomaron y lo masacraron… lo habían picado en dos, siendo convertido en un
pañito de la cocina; otro, que no había tenido la misma suerte, había terminado
siendo un pañito para limpiar el baño, las baldosas y el lavamanos…
Aterrorizado,
inutilizado, solo…estar en la gaveta de los medias perdidas, era el equivalente
en el mundo de los seres humanos de vivir en un bar de mala muerte, era oscuro,
deprimente, se vivía del vicio, en el caso de la gaveta el vició era las
historias del pasado. También se podía comparar con una convención de
alcohólicos anónimos, o codependientes anónimos, quizás… Solo éramos un grupo
de sujetos atados a sus experiencias con sus pares hablando de cuanto los
necesitaban.
Y
así seguía, pensando donde podría estar mi par, ¿estaría escondida bajo la
cama? ¿Traspapelada entre las sábanas? ¿Se habría quedado metida dentro de
algún zapato? Y la idea más temible de todas… ¿La habrían convertido en un
pañito de cocina? Mi último recurso era buscar dentro de mi, quizás allí habría
estado todo este tiempo….Busqué y… no, nada. Entre mi emoción de buscar dentro
de mí, noté que se había abierto un hueco en mi punta. Excelente –pensé- ahora,
aún si encontrara a mi par, me botarían por estar rota…
Algunos
días más tarde, llamaron a la puerta, y mi dueño se aproximó rápidamente,
cuando la abrió, como el trote de un caballo su corazón se salía de su pecho.
Era la chica de aquella noche de copas, otra mujer más- me decía para mis
adentros- La chica sostenía en sus manos una media blanca diciendo: Bueno, sé
que esto es raro…pero, solo pasaba por aquí para devolverte tu media, es que
entre nuestras ropas se confundieron…y, detesto esas medias que se quedan
solas… -Continuó hablando cuando mi dueño la calló plantándole un beso
apasionado en los labios.-
Para
mi sorpresa, ella no era cualquier mujer, ella más tarde se convertiría en mi
dueña también, no fue una noche más para mi amo. Mi par fue devuelta al closet,
y no nos separamos más nunca, terminamos enmarcados en la pared como un cuadro,
siendo un símbolo de amor, más allá de un objeto útil.
- Miranda Spinetti
Septiembre 2015
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